Las tardes de agosto en el pueblo se hacen largas por muchos motivos. Este verano encontramos una buena forma de hacerlas más amenas: darnos auténticas panzadas de ver series de televisión. En apenas 10 días dimos un repaso a Me llamo Earl, sin duda una de las mejores series de humor de las últimas décadas junto a Friends y ¿Cómo conocí a vuestra madre?.
Pero lo que fue un descubrimiento para mí fue Californication. Así a priori no esperaba gran cosa. Parecía hecha a medida de David Duchovny, un escritor recién separado de su pareja, adicto al sexo, a las noches de fiesta... casi como su propia vida. Sin embargo me sorprendió agradablemente. Empecé pensando que sería una sucesión de situaciones sin sustancia que permitieran ir insertando secuencias de sexo gratuito para enganchar al espectador (en masculino). Quien sólo esperara eso tampoco iba a quedar decepcionado, se ven suficientes escenas calentorras con tetas y culos por doquier; aunque más en los primeros capítulos que en los últimos.
Me agradó especialmente el trato que se da a esas "situaciones calentorras". Son todas suficientemente hilarantes como para no quedarse con la obscenidad y ver algo más allá. El sexo forma parte de las relaciones humanas, y en esta serie no tienen problemas para tratarlas con humor, haciendo parodias de situaciones inverosímiles.
Lo peor fue el final, el típico final americano: chico recupera a chica y a hija y se van felices a comer perdices. Espero la segunda temporada.
1 comentario:
El final de temporada fue un horror. Pero no hay que asustarse. Nos engañaron como a chinos. La huida no es el final bonito e ideal, es el inicio de una nueva vida cargada de problemas
Ya está el primer capítulo de la segunda temporada. Es genial, (y muy bestia).
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