Tras 4 meses en Madrid, he vuelto al calor del hogar. Ha sido una experiencia genial. Se han superado ampliamente las expectativas. Una nueva ciudad, nueva gente, nueva casa, nuevas emociones. Ahora ya ha pasado, aunque cuesta dejar atrás una época tan agradable; han sido posiblemente los mejores meses de mi vida, llenos de momentos inolvidables. He tenido la gran suerte de compartirlos con unas personas maravillosas: la 48 promoción, 120 fiscalillos y fiscalillas recién salidos de una oposición de esas que te absorben algunos años de tu juventud. Posiblemente por eso estábamos tan unidos, necesitábamos algo así, zambullirnos en un mar de vida, de reingreso en nuestra juventud, igual demasiado salvaje, pero había que hacerlo. Sin duda, este grupo mantendrá sus vínculos por siempre.
Una nueva etapa se abre estos días, cada uno ha regresado a su ciudad para las prácticas en fiscalías. Ha llegado el momento de aprender a ser fiscales, porque lo del curso en Madrid ha sido una broma, o más bien una excusa para liberarnos, y doy fe que lo hemos hecho.
Poco a poco toca recuperar las viejas rutinas de tu casa y tu ciudad, volver con los amigos de siempre (quizás un poco olvidados, aunque sin querer), y seguir con las costumbres, como relanzar este blog.
Me pongo a calificar un delito de daños (primeros deberes) con un 48 siempre en el corazón.
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