
8 de la mañana de uno de los primeros días de julio. Estoy con unos compañeros viendo como sale el Sol. De repente oigo un ruido estruendoso. Se abre una puerta, unos señores nos dan con un palo y salimos corriendo. Tras la puerta una cuesta empinada, a los lados seres humanos corriendo despavoridos y dándonos gritos. Me cabrean, sobre todo cuando me golpean en el culo con unos periódicos enrollados. Intento ir a lo mío, pero no me importa usar los cuernos que la naturaleza me ha otorgado para atacar cuando me siento atacado. Aunque bastante tengo con mantenerme en pie al llegar a una curva muy cerrada. Por el camino voy pensando que algo muy bueno debe haber al llegar al final. Pero acabo en una plaza redonda, de donde rápidamente me llevan a un redil. Ahora sólo queda esperar que la tarde sea más tranquila...
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