miércoles, 9 de abril de 2008

LA LLAMA DE LA DISCORDIA

La antorcha olímpica está teniendo el más ajetreado de sus viajes cuatrienales. Mucha gente intenta apagarla, pero ella no tiene culpa de nada. Es un símbolo de unión, o al menos eso deseaba el Barón de Coubertain cuando reimplantó los Juegos Olímpicos. Sin embargo, se ha convertido en todo lo contrario, es el objetivo de los que protestan por la situación del Tíbet. Además da la impresión de que para algunos se trata más de lograr la hazaña de extinguir el fuego que de protestar. A mí me produce pena ver cómo tiene que ser escoltada por tantísimos policías.
Yo, por mi parte, no estoy de acuerdo. No me gusta mezclar política y deporte. Me parece algo de épocas pasadas; lo de boicotear eventos me suena más a guerra fría que a siglo XXI. Comprendo que es un método eficaz de llamar la atención, pero no me convence.
Yo si fuera deportista no me perdería la oportunidad de acudir a esta cita. Si Epi, Arcega y compañía no hubieran disputado los JJOO de Los Ángeles´84 porque en ese país está implantada la pena de muerte, nos hubiéramos perdido unos de los mejores momentos del deporte español.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A mí lo que me me asombra de todo esto es dónde estaban todos esos defensores del Tíbet hasta hace 6 meses. Lo que pasa es que ahora toca defender esto, dentro de otro año tocará defender otra injusticiay así sucesivamente... la cosa es que nos digan lo que hay que defender, no vayamos a salir fuera de la foto.