Nunca he sido partidario de los desfiles militares. Quizás me recuerden a épocas pretéritas; aunque su significado actual, por suerte, poco tiene que ver con aquellos despliegues en los que los países demostraban al mundo su potencial armamentístico, es decir, su capacidad para hacer daño y matar.
Este domingo se celebra en Zaragoza el día de las Fuerzas Armadas. Me parece curioso que para homenajear a alguien se le haga desfilar. ¿Os imagináis a Woody Allen desfilando por el centro de Oviedo cuando le entregaron el premio Príncipe de Asturias?, es un ejemplo. También es verdad que ellos, los militares, están encantados. Por mi parte me pregunto por qué sólo desfilan los militares, y no otros gremios y profesiones, me agradaría ver desfiles de bomberos, médicos, profesores, fontaneros, jueces, periodistas, hosteleros...
No me opongo a que se les reconozca su labor. Tienen que existir, si no habría que inventarlos, ya que realizan muy variadas funciones de gran importancia. Además, por muy pacifistas que seamos, hay que tener en cuenta que sigue habiendo gente que no lo es, y, por tanto, hay que estar preparados para defenderse, no para atacar (¿verdad señor Aznar López?).
Eso sí, no sé si el mejor modo de homenajearles es colpasar una ciudad de 700.000 habitantes durante una semana. Creo que sería fácil encontrar otros lugares donde se moleste menos, seguramente en un terreno castrense.